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Oración y Ayuno

A veces dejamos que las preocupaciones del mundo se interpongan en el camino de lo que es verdaderamente importante. Podemos olvidar lo básico en nuestro crecimiento espiritual, como la forma de orar y ayunar. Dios le permitirá experimentar Su mandamiento de “orar sin cesar” (Filipenses 4:6) mientras busca Su presencia a través de la oración y el ayuno. No hay uno sin el otro. El ayuno y la oración van de mano a mano. Ayunar sin oración es simplemente negarse a sí mismo de los alimentos naturales, segun la definición del diccionario bíblico Thayer sobre el ayuno. La definición de Thayer es “abstenerse como un ejercicio religioso de la comida y la bebida: ya sea completamente si el ayuno duró sino un solo día, o del alimento habitual y elegido, si continuó varios días.”

En ayunar solamente, se puede cambiar físicamente, pero el hombre interior es lo que Dios se preocupa en transformar (Romanos 12:2). Él quiere que el interior sea limpiado y no está tan preocupado que el exterior sea limpiado (Mateo 2:26). Por lo tanto, el hombre interior es lo que debemos preocuparnos por renovarlo día a día, ya que es eterno (2 Corintios 4:16).

El poder de la oración cierra los cielos, parte los mares, da vista a los ciegos, echa fuera los demonios, sana a los enfermos y levanta a las personas de entre los muertos. Si tan solo nos diéramos cuenta y creyéramos el poder que tenemos dentro de nosotros, que está disponible para nosotros a través del ayuno y la oración en el nombre de Jesús. Tales cosas como la duda, el miedo y la ansiedad no podían arrastran hacia adentro porque la oscuridad no puede estar en la presencia de la luz (Juan 1:5). Pero cuando uno intenta caminar en una autoridad que exige el ayuno y la oración, el éxito no siempre es su resultado sin él. Tomemos, por ejemplo, a los discípulos cuando intentaban expulsar el espíritu inmundo del joven que había estado luchando con el espíritu desde una edad temprana. Los discípulos hicieron lo que pudieron, pero sólo Jesús fue capaz de expulsar al espíritu sordo y mudo que estaba atormentando al joven. Cuando los discípulos de Jesús preguntaron por qué no podían expulsarlo, Jesús les respondió y les dijo: “Este género con nada puede salir,  sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29, énfasis agregado). Esto nos muestra que hay una obra más grande que se puede realizar mediante el doble poder de la oración y el ayuno.

Pero ¿qué es la oración? Segun la concordancia bíblica de Strong, la definición de oración es “adoración; por implicación una capilla oratoria. 1 Corintios 3:16 nos dice que somos un templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en nosotros. Si Dios mora dentro de nosotros, entonces debemos orar como el Señor nos ha ejemplificado:

Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga su Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

No nos metas en tentación, sino líbranos del mal, porque  tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:9-13).

Como observamos desde la oración del Señor arriba, lo vemos orando al Padre que está en los cielos. Él no oró sobre las cosas frívolas o sobre los cuidados del mundo. Él ejemplificó una oración del reino y oró para que se hiciera la voluntad de Dios. La oración nos permite ese tiempo íntimo con Dios mientras presionamos para ver Su voluntad sea hecha así en la tierra como en el cielo. Comenzamos a ver la gran provisión y voluntad de Dios para nuestras vidas con cuanto más tiempo pasamos con Él a través de la oración y el ayuno.

Piense en una relación: cuanto más tiempo pase con su pareja, más los conoce; y cuanto más los conoce, más puede llegar a ser como ellos. Todos de nosotros deberíamos estar aspirando y renovándonos para llegar a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48). A medida que estamos siendo transformados para encarnar el carácter de Dios, venimos a Su semejanza y presencia con Su autoridad y poder. Jesús nos habla sobre el poder de la oración cuando Él dijo,

“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será dsatado en el cielo. Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:18-20.

Él nos está dando las llaves para abrir y cerrar los cielos si venimos en Su nombre. En el pensamiento hebreo, la palabra nombre significa el carácter y la función. Si venimos en Su carácter y función y caminamos en quién es Él, tenemos la misma autoridad y poder que Él tiene a través de la oración y el ayuno.

En este camino, si quisiéramos llegar a ser más como nuestro Padre celestial a través de la intimidad por la oración y el ayuno, tendríamos Sus características y capacidad para resistir todas las tentaciones que nos alejan de quién es Dios. Jesús fue capaz y dispuesto a resistir al diablo cuando vino a Él después de sus 40 días de ayuno y oración con el Señor (Mateo 4:1-11).

En Mateo 6:16 y 6:6-8, hay una hermosa instrucción escrita que dice que alguien que ora y ayuna no lo hace sobre sí mismo, sino lo hace al Señor y para servir a toda la casa, que es la iglesia de Cristo. Por lo tanto, la oración y el ayuno no deben hacerse ni ser vistos por todos, porque entonces la recompensa ya se habrá dado. Cuando está en la oración y el ayuno, está en una batalla por la iglesia, levantando incienso al Señor como una ofrenda en el altar.

El quema del incienso fue simbólica para las oraciones de los santos elevadas a Dios (Salmo 141:2; Apocalipsis 5:8; 8:3–4). El Señor ha elegido líderes e intercesores para la casa de Dios. Los escogidos deben luchar para los que están sufriendo, para los que están enfermos y para que los pecados sean perdonados (Santiago 5:13-16).

Para concluir, aquí hay otro entendimiento profundo que nos dio Orígenes, un padre de la iglesia primitiva, sobre los beneficios de la oración y el ayuno:

“Pero aquellos que cultivan la castidad, se dedican al “ayuno y a la oración” (cf. Lucas 2:37), tengan paciencia en la adversidad como Job, y en las tentaciones no tengan miedo de confesar la verdad de Dios -todo lo cual no sirve para los demás, sino solamente para la gloria de Dios-: esto es lo que constituye el ungüento que unge la cabeza del Señor Cristo y de allí fluye sobre todo el cuerpo de Cristo, es decir, sobre toda la iglesia. Este es el ungüento muy precioso cuya fragancia llena toda la casa, la iglesia de Cristo.”

Referencias:
Referencias de las Escrituras es de la versión bíblica Reina-Valera (1995)
Diccionario de la Biblia de Strong
Diccionario de la Biblia de Thayer
Orígenes: Espíritu y Fuego Pág. 202

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